Cuando el problema no es el proyecto, sino la comunicación

Hay algo que he aprendido con los años trabajando con equipos, asociaciones, empresas y proyectos colectivos:

La mayoría de las veces los problemas no nacen de la mala intención. Nacen de la mala comunicación.

Personas que quieren exactamente lo mismo terminan enfrentadas porque cada una tiene una forma distinta de expresarlo.

Está quien toma decisiones con rapidez porque cree que está ayudando, pero los demás lo perciben como una imposición.

Está quien defiende sus principios con firmeza porque quiere proteger el proyecto, pero sus formas pueden generar rechazo.

Está quien trabaja sin descanso detrás de escena y siente frustración cuando sus aportaciones no son escuchadas.

Está quien siempre está dispuesto a colaborar, pero sus propuestas se interpretan con desconfianza porque otros creen que hay intereses ocultos.

Y mientras tanto, todos siguen queriendo lo mismo: que el proyecto funcione.

Lo paradójico es que muchos proyectos no fracasan por falta de talento, de trabajo o de compromiso. Fracasan porque dejamos que las diferencias en la forma de comunicarnos pesen más que los objetivos que compartimos.

Por eso cada vez valoro más habilidades que antes parecían secundarias:

✔️ Escuchar para comprender y no para responder.

✔️ Explicar las decisiones, no solo comunicarlas.

✔️ Buscar primero lo que nos une antes de centrarnos en lo que nos separa.

✔️ Entender que tener razón no siempre es lo más importante.

✔️ Aprender a gestionar conversaciones difíciles sin convertirlas en conflictos personales.

La comunicación, el liderazgo y la gestión de equipos no son habilidades «blandas»

Porque cuando un grupo es capaz de escucharse, respetarse y entenderse, incluso en el desacuerdo, los proyectos crecen.

Y cuando no lo consigue, puede llegar a romperse algo que costó años construir.

Quizá por eso la pregunta más importante en cualquier equipo no sea:

«¿Quién tiene razón?»

Sino:

«¿Qué necesitamos hacer para seguir avanzando juntos?»

Conciliar: cuando la ley avanza… y la realidad va corriendo detrás

Durante años, conciliar ha sido una palabra bonita y una práctica incómoda. Algo que se pedía bajito y se concedía con cara rara. El Real Decreto-ley 5/2023 abrió la puerta. El Real Decreto-ley 9/2025 la ha empujado del todo.

Ahora hablamos de:

  • 19 semanas retribuidas por nacimiento.
  • Semanas de cuidado que pueden usarse cuando el niño tiene 3, 5 o 7 años.
  • Familias monoparentales con más protección real.

¿Es fácil? No.

Para la empresa, conciliar significa planificar a largo plazo en un mundo que vive al día

Para la plantilla, significa no tener que elegir entre cuidar y conservar su carrera

La norma no hace magia pero marca un límite claro: cuidar no es un privilegio, es un derecho.

La verdadera pregunta ya no es “¿me corresponde?” Es “¿estamos preparados para organizarlo bien?”.

Lo esencial del RD 9/2025

Os resumo las modificaciones que incorporan el RDL 5/2023 y el RDL 9/2025. Ambos se complementan, no se sustituyen. El RDL 9/2025, de 29 de julio, completa por fin la transposición de la Directiva europea de conciliación y cambia de verdad el escenario:

  • Permiso por nacimiento y cuidado: pasa de 16 a 19 semanas retribuidas al 100 %.
  • De esas 19 semanas:
    • 6 semanas obligatorias tras el nacimiento.
    • 11 semanas flexibles hasta los 12 meses.
    • 2 semanas de cuidado parental retribuido, disfrutables hasta que el menor cumpla 8 años.
  • Familias monoparentales: hasta 32 semanas.
  • Derecho individual e intransferible (clave en corresponsabilidad).
  • Aplicación retroactiva a hechos causantes desde 2 de agosto de 2024, con disfrute efectivo desde 1 de enero de 2026 para las semanas diferidas.
Medida de conciliación Situación ANTES Mejora RDL 5/2023 Mejora RDL 9/2025 Aplicación
Permiso por nacimiento 16 semanas retribuidas 19 semanas retribuidas 30/07/2025
Semanas flexibles hasta 8 años No existían 8 semanas
NO retribuidas
2 semanas SÍ retribuidas 01/01/2026
Permiso parental No existía 8 semanas
NO retribuidas
Se mantiene +
parte retribuida vía nacimiento
2023–2026
Familias monoparentales 16 semanas 32 semanas 30/07/2025
Permiso por cuidado familiar Limitado 5 días retribuidos Se mantiene 30/06/2023
Permiso por fuerza mayor No existía 4 días/año
retribuidos por horas
Se mantiene 30/06/2023
Protección frente al despido Débil Refuerzo Se consolida 2023–2025

Muy importante: Siempre debemos revisar mejoras negociadas en el Convenio Colectivo de aplicación y posibles mejoras pactadas en el plan de igualdad

Cuando una buena herramienta se utiliza mal, deja de ser un puente… y se convierte en un problema

¿Te reconoces en esta situación?

Hoy he vivido una conversación que me ha dejado tocada.

He hablado con un empresario, amigo, del norte de España. Gestionaba alrededor de 200 personas en distintos centros de trabajo. Un hombre serio, responsable, con muchos años de experiencia.

Me ha contado que hace unos meses tomó una decisión durísima: vender su empresa.
No por falta de clientes, ni por problemas de gestión, ni por incapacidad para seguir creciendo.

La vendió porque ya no podía soportar la presión, especialmente a raíz de la entrada de una sección sindical que utilizó el Plan de Igualdad —una herramienta que debería servir para mejorar la organización— como mecanismo para generar conflicto donde no lo había.

Cuando realizamos el diagnóstico en su empresa, todo estaba bien:

  • No había brechas retributivas, es más las mujeres tenían mayor salario.
  • Las condiciones laborales estaban equilibradas.
  • La encuesta de clima mostraba satisfacción generalizada.

Pero, al sindicalizarse la empresa, comenzaron las tensiones. No por parte de todos (porque no todos los sindicatos actúan así, y quiero subrayarlo), sino de algunos que vieron en el Plan de Igualdad una oportunidad para politizar la empresa y desgastar a la dirección.

Mi amigo me confesó que su salud emocional no aguantaba más esa dinámica.
No el trabajo.
La presión.
Esa presión que, en vez de construir, destruye.
Que no nace de una desigualdad real, sino del uso inadecuado de un instrumento legal que fue diseñado para lo contrario.

Me dio una enorme tristeza.

Un Plan de Igualdad bien hecho profesionaliza, ordena, aporta claridad y mejora la vida laboral de todas las personas de la empresa

Pero un Plan de Igualdad mal utilizado puede convertirse en un arma arrojadiza, en un foco de conflicto innecesario que perjudica precisamente a quienes debería proteger: la plantilla.

Por eso quiero lanzar un mensaje claro y esperanzador:

  • El Plan de Igualdad es una herramienta extraordinaria.
  • Puede transformar positivamente una empresa.
  • Pero debe usarse con rigor, con datos, con diálogo y con responsabilidad.

Cuando se utiliza para lo que está pensado, es un puente sólido que une necesidades, intereses y mejoras reales.

Cuando se utiliza mal, se convierte en un puente sin río.
Un puente absurdo.
Un artificio que no lleva a ninguna parte y solo genera nuevos problemas.

Las empresas no necesitan más conflictos artificiales. Necesitan profesionalización, responsabilidad y sensatez. Y los Planes de Igualdad pueden ser una pieza clave… siempre que quienes los gestionan tengan claro que su objetivo no es crear problemas, sino solucionarlos.

Liderazgo, negociación y transición: aprendizajes en tiempos de cambio

Cambio de rumbo

En muchas organizaciones, cuando se produce un relevo en la dirección, surgen incertidumbres, recelos y sensación de ruptura. El problema de fondo suele ser siempre el mismo: la falta de comunicación.

Durante los periodos de transición, los malos entendidos o las “buenas voluntades” mal gestionadas pueden poner en riesgo el trabajo de muchos años. A menudo, las nuevas direcciones buscan marcar diferencias con respecto al pasado, pero si no existe una estrategia clara de comunicación y participación, el resultado puede ser la misma desconfianza que ya existía.

La paradoja del liderazgo

El liderazgo no consiste en acumular poder, sino en comprender que la realidad tiene múltiples ángulos. Lo que unos ven blanco, otros lo perciben negro, y quizás la pelota tiene en realidad dos colores. Liderar es saber mirar desde distintas perspectivas y construir un proyecto común.

Lecciones frecuentes en los cambios de dirección

  1. El prejuicio inicial
    Cuando una organización ya ha vivido etapas difíciles, cualquier cambio suele despertar defensas, miedo y desconfianza.
  2. El recuerdo del pasado
    Incluso líderes bienintencionados pueden haber dejado huella de desorganización o falta de comunicación, y esas grietas permanecen en la memoria de la organización.
  3. La llegada de la nueva dirección
    Muchas veces lo que se percibe como “renovación” acaba siendo continuidad de un modelo personalista que no fomenta equipos autónomos.
  4. La estrategia fallida
    El error más común es rodearse de perfiles que obedecen, pero no aportan visión técnica ni estratégica.

La oportunidad

Los grandes cambios no nacen de discursos, sino de procesos claros, conversaciones incómodas y un liderazgo auténtico que forme personas autónomas en lugar de simples seguidores.

Hoy más que nunca, las organizaciones tienen la oportunidad de apostar por programas de liderazgo transformador, centrados en negociación, comunicación y trabajo en equipo.

  • Conectando Talento (Yolanda Muñoz) impulsa el descubrimiento del potencial en equipos jóvenes que necesitan referentes sólidos.
  • Eduardo Rosser aporta herramientas prácticas para que las direcciones aprendan a negociar, alinear y movilizar.

Negociar también es liderar

Negociar no es solo hacerlo con clientes o proveedores. También se negocia con el pasado, con los egos, con las heridas organizacionales… y con el futuro.

El futuro que aún puede escribirse

El liderazgo auténtico consiste en construir con otros, no en acumular poder. El cambio es posible, pero requiere una decisión firme: liderar de otra manera, con apertura, escucha y visión compartida.

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