Ilustración de varias generaciones de una empresa familiar trabajando juntas en un taller

Empresa familiar: el valor de quienes se atreven a construir futuro

Hay actos empresariales que sirven para entregar premios y otros que consiguen algo más importante: recordarnos qué hay detrás de una empresa, de un proyecto y de varias generaciones dedicadas a hacerlo crecer. La XXXI Gala de los Premios de la Asociación de la Empresa Familiar de la Provincia de Alicante (AEFA), celebrada el 29 de septiembre en el Auditorio Internacional de Torrevieja, fue de las segundas.

Un día, para hablar de empresas, pero sobre todo de personas, de familias y de esfuerzo. De quienes un día tuvieron una idea, decidieron ponerla en marcha y estuvieron dispuestos, como se recordó durante la gala, a «dejarse la piel y arriesgar incluso lo que no tenían». Posiblemente sea una de las mejores definiciones de lo que significa ser empresario.

Este año, los galardonados fueron Bonnysa (Premio Generalitat Valenciana), Congelados Frimar (Premio Diputación de Alicante), Tabisam (Premio CaixaBank), Vicente Berbegal Pérez, fundador de Actiu (Premio Especial Manuel Peláez Castillo), y Coral Erum Gregorio, CEO de Erum Corporation (Premio Joven Alma Empresaria).

La familia empresaria: mucho más que una cuenta de resultados

Solemos hablar de las empresas a través de sus cifras: facturación, plantilla, mercados, inversión, rentabilidad. Pero detrás de cualquier empresa familiar consolidada hay algo que no aparece en los balances: años de incertidumbre, decisiones difíciles, noches sin dormir, crisis, errores y reinvenciones. Personas que confiaron cuando todavía no había casi nada en lo que confiar. Y familias que decidieron seguir adelante.

Aun así, las cifras hablan por sí solas. En la provincia de Alicante, el 94 % de las empresas son familiares, generan el 85 % del empleo privado y aportan el 80 % del valor añadido bruto. Son, sin duda, uno de los grandes motores económicos de nuestra provincia.

Pero su aportación va mucho más allá. Cuando una empresa permanece durante décadas en un territorio, crea empleo, genera proveedores, atrae inversión, forma profesionales y permite que muchas personas construyan su proyecto de vida a su alrededor. Como se recordó durante la gala, la riqueza que genera la empresa familiar crea oportunidades de vida allí donde se encuentra.

Ese arraigo tiene un enorme valor, porque una empresa familiar difícilmente puede separarse del territorio en el que nació. Empresa, familia y territorio acaban formando parte de una misma historia.

Me resultó especialmente interesante una reflexión de la presidenta de AEFA, Maite Antón. Durante años hemos avanzado, afortunadamente, en la importancia de cuidar a las personas que trabajan en nuestras organizaciones: experiencia de empleado, conciliación, bienestar, talento, formación, igualdad, compromiso. Y debemos seguir haciéndolo.

Pero hay otra pregunta que pocas veces nos hacemos: ¿quién cuida al empresario?

El empresario también es una persona. Toma decisiones difíciles, asume riesgos, muchas veces se siente solo y sabe que de algunas de sus decisiones dependen muchas familias. En la empresa familiar esto se acentúa, porque las fronteras entre empresa, patrimonio, proyecto vital y familia no siempre son fáciles de trazar.

Por eso es importante que las administraciones y la sociedad entendamos lo que significa emprender y mantener una empresa. Las empresas no necesitan que se les facilite incumplir las normas. Todo lo contrario: necesitan que se les permita cumplirlas. Y eso exige simplificar una legislación excesivamente compleja, reducir burocracia, garantizar seguridad jurídica y crear un entorno que favorezca la inversión, la competitividad y el crecimiento empresarial.

Tabisam: adaptarse sin perder la identidad

Si hubo una enseñanza común a casi todas las empresas premiadas, fue la capacidad de adaptación. Una empresa que lleva cuarenta, cincuenta, setenta u ochenta años funcionando no ha sobrevivido porque el mercado haya permanecido estable. Ha sobrevivido precisamente porque ha sabido cambiar: productos, procesos, profesionalización, tecnología, internacionalización y, a veces, empezar prácticamente de nuevo.

La historia de Tabisam, Premio CaixaBank, lo refleja muy bien. Nacida en 1979 en torno a los materiales de construcción y con sus orígenes ligados a las canteras de yeso, la compañía creció en un sector especialmente castigado por las crisis. La de 2008 pudo haber sido una de esas situaciones que terminan con una empresa. No ocurrió. No tiraron la toalla: se reinventaron, diversificaron y emprendieron una profunda reconversión.

Hoy, desde Torrevieja, hablan de profesionalización, sostenibilidad y futuro. Su trayectoria recuerda una de las grandes cualidades de cualquier proyecto que logra atravesar generaciones: adaptarse sin perder su identidad.

Congelados Frimar: cuando la confianza se convierte en una forma de hacer empresa

Congelados Frimar, Premio Diputación de Alicante, aportó una de las historias más inspiradoras de la noche. Su fundador empezó a trabajar siendo muy joven, tras el fallecimiento de su padre. En un momento dado, alguien le aconsejó buscar un distribuidor y ofrecerle en torno a un 15 %. Hizo números, calculó lo que suponía ese porcentaje y decidió que el distribuidor sería él mismo.

Es una anécdota sencilla, pero refleja algo profundamente empresarial: ver una oportunidad, asumir la responsabilidad y tomar una decisión.

Hoy Frimar es una compañía consolidada, muy vinculada al canal de la restauración, con decenas de trabajadores y millones de euros de facturación. Sin embargo, sus representantes hablaron mucho menos de números que de valores: educación, coraje, honradez y confianza. Dieron las gracias a trabajadores actuales y anteriores, proveedores, clientes y familias, y tuvieron un reconocimiento especialmente emotivo para los hosteleros, a quienes calificaron de auténticos héroes.

Porque una empresa nunca crece sola. Crece construyendo relaciones de confianza y beneficio mutuo.

Bonnysa: setenta años construyendo futuro

Otro extraordinario ejemplo de continuidad es Bonnysa, que recibió el Premio Generalitat Valenciana. Nacida en 1956, alcanza este año siete décadas de historia. Setenta años significan haber atravesado distintos modelos económicos, transformaciones tecnológicas, cambios sociales, mercados internacionales, crisis y nuevas exigencias medioambientales. Y seguir estando ahí.

En su reconocimiento volvió a aparecer una palabra: confianza. La confianza forma parte del ADN de la empresa familiar. En algún momento alguien tuvo que confiar en otra persona: el fundador en sus colaboradores, una generación en la siguiente, los trabajadores en el proyecto, los clientes en la empresa, los proveedores en sus responsables. Sin confianza es prácticamente imposible construir una empresa que sobreviva durante generaciones.

La consellera de Industria, Marián Cano, destacó además una idea que comparto plenamente: una de las mayores labores sociales que puede realizar una empresa es crear empleo. Porque crear empleo significa generar autonomía, estabilidad, oportunidades y futuro.

Coral Erum Gregorio: continuar no significa simplemente heredar

El Premio Joven Alma Empresaria, concedido a Coral Erum Gregorio, CEO de Erum Corporation, puso sobre la mesa una cuestión esencial para cualquier empresa familiar: el relevo generacional.

A veces hablamos del relevo como si consistiera simplemente en recibir lo que construyeron nuestros padres o abuelos. Nada más lejos de la realidad. Continuar una empresa familiar supone recibir un legado, pero también asumir una enorme responsabilidad.

Coral pertenece a la cuarta generación de una empresa industrial con más de 85 años de historia. En su intervención agradeció el esfuerzo de las generaciones que la precedieron y de todas las personas que han formado parte de la compañía. Y dijo algo que me pareció especialmente importante: recibía el premio no como una meta, sino como un reto para seguir innovando. Recordó el carisma, la fortaleza, el ingenio y la capacidad innovadora de su padre, y la empatía de su madre como elemento fundamental para mantener la unidad familiar.

El relevo generacional es posiblemente uno de los procesos más delicados de la empresa familiar. Hay que encontrar el equilibrio entre respetar lo construido y permitir que quienes llegan construyan algo nuevo: mantener las raíces sin impedir que crezcan nuevas ramas. El futuro de nuestras empresas dependerá, en buena medida, de que sepamos transmitir a las nuevas generaciones no solo una empresa, sino también la ilusión por continuar el proyecto.

Vicente Berbegal: anticiparse para mejorar la sociedad

El Premio Especial Manuel Peláez Castillo reconoció a Vicente Berbegal Pérez, fundador de Actiu, y nos permitió conocer otra historia extraordinaria de emprendimiento.

Empezó cuando apenas tenía veinte años. En 1968 ya fabricaba productos a partir de una pregunta aparentemente sencilla, pero que explica buena parte del éxito empresarial: ¿qué necesita la gente? Entre aquellos primeros productos estaban los muebles para alojar los televisores que empezaban a llegar a los hogares. Con los años, aquella iniciativa se convirtió en una organización de cientos de trabajadores.

Detrás de esa evolución hay una idea especialmente interesante: el verdadero empresario no se define solo por lo que sabe, sino también por determinadas aptitudes. Por su visión, por su capacidad para anticipar lo que vendrá, por ver una necesidad antes que otros y por transformar esa visión en un producto, en una empresa y, finalmente, en empleo. A lo largo de su trayectoria ha impulsado además la innovación, el diseño, la internacionalización y una producción cada vez más respetuosa con el medio ambiente.

En su intervención recordó que el reconocimiento no debía entenderse solo como un premio personal, sino como un homenaje a todos los empresarios. Y lanzó un mensaje que debería hacernos pensar: necesitamos ayudar a crear nuevos empresarios.

Celebrar la gala en Torrevieja también sirvió para poner en valor la estrecha vinculación entre empresa y territorio. Su alcalde, Eduardo Dolón, habló de humildad, de cercanía y de la obligación de las administraciones de facilitar el trabajo de quienes generan empleo y riqueza.

Torrevieja representa además una realidad singular: en la ciudad conviven más de 120 nacionalidades. Una diversidad que también forma parte de nuestras empresas y de nuestra sociedad. «En Torrevieja nadie es extraño», vino a decir el alcalde.

Una idea que conecta con otro de los mensajes de la noche: todos somos los que sumamos. Empresas, administraciones, universidades, asociaciones empresariales, trabajadores y sociedad. Ninguna provincia puede construir un proyecto económico sólido si cada uno rema en una dirección diferente.

El gran mensaje de la gala: confianza

Después de escuchar todas estas historias, hubo una palabra que aparecía una y otra vez: confianza. La de quien crea una empresa y la de quien decide trabajar en ella. La confianza entre generaciones, entre empresarios, entre clientes y proveedores, entre empresas y administraciones. Y la confianza en que el esfuerzo merece la pena.

Vivimos tiempos en los que es fácil instalarse en el pesimismo: incertidumbre internacional, aumento de costes, complejidad normativa, presión fiscal, problemas de infraestructuras, dificultad para encontrar talento, absentismo, cambios tecnológicos acelerados. Todo eso existe y debemos hablar de ello.

Pero actos como los Premios AEFA recuerdan otra realidad: delante de cada dificultad siempre ha habido alguien dispuesto a buscar una solución. Nuestras empresas familiares han atravesado crisis económicas, cambios tecnológicos, transformaciones sociales y profundos cambios en los mercados. Y muchas siguen aquí.

Nuestros héroes cotidianos

No solemos utilizar la palabra héroe cuando hablamos de empresarios. Quizá deberíamos hacerlo alguna vez. No desde una visión romántica de la empresa, porque cualquiera que haya estado cerca de una organización sabe que también hay errores, dificultades y decisiones equivocadas, sino como reconocimiento a quienes deciden asumir responsabilidades.

A quienes crean empleo, invierten y arriesgan su patrimonio. A quienes permiten que decenas, cientos o miles de personas desarrollen su propio proyecto de vida alrededor de una empresa. Y, especialmente, a las familias que consiguen hacerlo durante generaciones.

El futuro no se construye únicamente con grandes discursos. Se construye trabajando, con esfuerzo, dedicación, constancia, innovación y capacidad de adaptación. Y confiando.

Por eso quiero terminar felicitando a todas las empresas y personas reconocidas en esta XXXI edición de los Premios AEFA, y agradeciendo a la Asociación de la Empresa Familiar de la Provincia de Alicante su trabajo para acompañar, representar y defender a nuestras empresas familiares. Porque apoyar a nuestras empresas es también apoyar el empleo, nuestro territorio y nuestro futuro.

Y yo me quedo precisamente con eso: sigamos confiando en quienes cada día se atreven a construirlo.